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Fuente Marco Trade News
El Gobierno de Argentina se comprometió con la Unión Europea a aplicar el fallo de la Organización Mundial del Comercio (OMC) contra el régimen de Declaración Jurada Anticipada de Importación (DJAI) antes del próximo 31 de diciembre, informó Télam.
Los embajadores de las misiones permanentes argentina y europea en Ginebra, Alberto D´Alotto y Angelos Pangratis, respectivamente, confirmaron a la OMC a través de una carta conjunta el acuerdo alcanzado.
En ese sentido, informaron la conformidad de que "el plazo prudencial para que la Argentina aplique las recomendaciones y resoluciones del órgano de Solución de Diferencias en la diferencia Argentina-Medidas que afectan a la importación de mercancías será de 11 meses y 5 días contados a partir del 26 de enero de 2015".
El fallo de la OMC, adoptado en enero pasado, refiere a controversias planteadas por separado por Estados Unidos, Japón y la Unión Europea. Al respecto, el organismo multilateral consideró que tanto el régimen de DJAI como otros requisitos fijados para importadores constituyen "una restricción a la importación de mercancías".
Según destacó la agencia de noticias, el gobierno argentino aseguró, una vez notificado del resultado del fallo, cumpliría con las determinaciones para lo cual inició la elaboración de una propuesta respecto de los plazos y la manera de adecuar la administración del comercio, que las autoridades nacionales que surjan de las elecciones de octubre tendrán la responsabilidad de aplicar.
Fuente La Nación
La Argentina se comprometió a dejar de aplicar las declaraciones juradas anticipadas de importación ante la OMC; cuáles son las probables medidas futuras
A partir de los pronunciamientos adversos dictados contra la Argentina en la Organización Mundial del Comercio por las DJAI, el Gobierno habría acordado con el Reino Unido dejar de exigirlas hacia fines de este año.
No obstante, diversas fuentes señalan que se estaría analizando la instrumentación de nuevas medidas tendientes a mantener el desaliento a las importaciones. Dos son las especies de restricciones que los países pueden aplicar para regular el flujo del comercio: por un lado, las arancelarias, mediante la aplicación de una alícuota como tarifa, y por el otro lado, las pararancelarias, mediante el liso y llano cercenamiento del tráfico internacional de las mercaderías.
Las primeras están permitidas, en la actualidad, con un tope de alícuota arancelaria uniformado, multilateralmente acordado, y las segundas están prohibidas, como principio general. Las restricciones pararancelarias podrían aplicarse de manera directamente cuantitativa, por motivos económicos, mediante cupos sobre la mercadería o licencias a ciertos operadores, o bien por razones no económicas (salubridad, patrimonio cultural, moral y buenas costumbres, medio ambiente y seguridad nacional).
Ante la imposibilidad de restringir importaciones por la vía del arancel, ya es una realidad generalizada que muchos países desvirtúen las finalidades excepcionales que autorizan la aplicación de las restricciones pararancelarias con el verdadero propósito de implementarlas por razones no autorizadas. Y no son pocos los casos en los que no les ha ido mal.
Actualmente, las excepciones a la prohibición general de aplicación de medidas pararancelarias parecen operar como principios que invirtieron la regla prohibitiva, como si la manera que los países tienen hoy para proteger sus mercados fuera echar mano de manera desprolija a las excepciones jurídicamente previstas para aplicar tales medidas, violando el principio de transparencia de los convenios que conforman el sistema multilateral del comercio (SMC).
Tal circunstancia constituye en la actualidad uno de los problemas más grandes del comercio mundial de mercaderías, así asumido por la propia OMC, a través del anterior director general Pascal Lamy, y por el actual, Roberto Azevedo.
La decisión de base sobre la eventual aplicación de medidas proteccionistas será el resultado de la política económica exterior que adopte un país. Una nación puede elegir vender materia prima y comprar manufacturas con el déficit comercial que ello implica; o vender materia prima y manufactura tendiendo a posicionar la balanza lo mejor posible; o vender solamente manufactura, en procura de un superávit comercial absoluto.
Suponiendo que se quisiera vender materia prima y también manufactura, la elección de aquellos productos manufacturados cuya potencial competitividad internacional justifiquen medidas proteccionistas y la fijación de plazos razonables -que disuadan eventuales abusos de los sectores protegidos- para que el producto resulte internacionalmente competitivo, también será una decisión económica estratégica.
En cambio, la manera de implementar las medidas de protección en comentario debe ser fruto de un análisis jurídico. Seguir leyendo
Fuente La Capital
La desaceleración de la demanda de China y los límites del multilateralismo. China retrae sus compras y las concentra en materias primas a precios deprimidos. El impacto en Argentina.
El comercio internacional experimenta un reacomodamiento que empieza a mostrar con dureza sus coletazos sobre los países proveedores de materias primas como la Argentina, cuyos sectores productivos expresan cada vez más los signos de resentimiento que amenazan toda la estructura de la cadena de valor. Los números globales muestran un dato revelador: las exportaciones de China se recuperaron en junio, pero las importaciones volvieron a caer, en un contexto de fragilidad de la demanda internacional que hizo caer un 7% el comercio exterior chino en el primer semestre del año.
La contracción de la economía del gigante asiático -líder mundial del intercambio comercial de bienes manufacturados- reacomoda todo el escenario internacional y provoca puntualmente en el caso de las materias primas, un desplome generalizado que la propia China a su vez aprovecha para stockearse a precios bajos.
En las últimas semanas se conoció que China, el mayor comprador de soja del mundo, importó 8,09 millones de toneladas de soja en el mes de junio, su segundo nivel mensual más alto luego de que los procesadores aumentaron las importaciones para aprovechar los suministros sudamericanos baratos.
Las importaciones de junio, las más altas de este año, saltaron un 26,6% frente al mismo mes del año previo y hasta un 32% a partir de mayo, según datos de su Administración General de Aduanas.
La explosión de conflictos domésticos como los que experimentan por estas horas sectores como la lechería, el acero, o producciones de economías regionales como las de frutas de la zona cuyana y el Valle de Río Negro, entre otras, en buena parte tienen su origen en la caída de los precios internacionales de sus producciones y en la retracción de la demanda externa, en un escenario convulsionado.
Justamente este reacomodamiento en el mapa del intercambio, llevó a muchos especialistas como el ex presidente del BID, Enrique Iglesias, a alertar sobre "la crisis del multilateralismo" a merced de la "fragmentación derivada de los megaacuerdos de libre comercio de los países industrializados". El economista, un férreo promotor esta estrategia, ahora abogó por la integración regional como "una de las puertas" hacia el cambio productivo.
"El multilateralismo está en seria crisis" y que el futuro prevé "un mundo fragmentado con megratratados impulsados por los países poderosos", dijo y arengó a los países emergentes a "ayudarse a navegar en este mundo cambiante que tenemos ante nosotros".
La estrategia de la potencia asiática de aprovechar la caída de precios para sumar importaciones se consolidó en las últimas semanas. Las cotizaciones cercanas a los mínimos en varios años podrían apuntalar algunas importaciones chinas de materias primas en los próximos meses, dando un impulso a los envíos de petróleo crudo, el mineral de hierro y la soja, aunque la débil demanda doméstica limitaría las adquisiciones de otros productos. Seguir leyendo...